Capítulo VII
- 11 dic 2020
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La cabeza me da vueltas y el zumbido en mis oídos no me deja pensar. Diego tiene una hija, y está internada ¿Qué pasó? Y, ¿cómo es que no sabía que tenía una hija? ¿Por qué nadie me lo dijo? La vocecita en mi cabeza me contesta como si fuera estúpida: “Eh… ¿por qué tendrían que habértelo dicho? ¿Quién sos?”, y después me habla la otra voz, la de la coherencia: “Viste las fotos en el Instagram, pero nunca se te ocurrió que podía ser una posibilidad”. ¿Y si también está casado? Que hijo de puta, tirándome onda a mí mientras está casado, los tipos son unos caraduras… Cancelar la agenda, eso, cancelar la agenda es mi trabajo en este momento.
Me pongo a hacer los llamados mientras me debato si llamar a Diego o no. Vuelvo a revisar sus redes y miro las fotos de su hija más detenidamente y al final me decido, le mando un mensaje en el que le digo que mi tía me contó lo que pasó y que para lo que necesite me puede llamar. No recibo respuesta y me voy a dormir con la cabeza llena de opciones.
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-¡Ey! Hace un montón de días que no te veo, ¿vas a dejar la actuación? No me asustes-. Mariano pone cara de drama y yo me quiero pegar un tiro. La vida es muy puta cuando quiere y hoy lo demuestra en todo su esplendor cuando entro en la oficina de inscripciones de la escuela de comedia musical y este hombre, protagonista de todas mis fantasías hasta hace unos días, me atiende en la ventanilla.
-¿Trabajás acá? ¿Desde cuándo? Nunca me dijiste- entro en pánico.
Él me mira sorprendido.
-Tampoco me dijiste que querías hacer musical, ¿sabés cantar?
Lo pienso unos segundos, tal vez nunca hablamos demasiado.
-Sí-. Intento sonreír pero me doy cuenta de que es una de las peores mañanas para que me vea, dormí mal, estoy ojerosa, me desperté tarde y salí corriendo como pude y aunque logré recordar sacarme las pantuflas, el pantalón del pijama en ese momento parecía pasar por un pantalón holgado y relajado y ahora me doy cuenta de que es solo eso, un pantalón de pijama. Suicidenme, por favor.
-Bueno, te anoto entonces, podés empezar la semana que viene si querés.
¿Ya? ¿Tan pronto? No estoy lista, no estoy lista.
Asiento.
Pago la matrícula y me decido a salir lo más rápido que pueda de ahí pero Mariano me frena en la puerta.
-¡Me olvidé de contarte! ¿Viste el casting ese que hicimos la otra vez juntos? Me llamaron.
-¿Para la publicidad?
-¡No! Con la publi no sé qué pasó, pero parece que la misma productora está haciendo una obra y quieren que esté-. Puedo verlo saltar de alegría interiormente y quiero golpearlo, la envidia es un sentimiento insano pero muy real también.
-Bueno, qué bueno- simulo alegría- Te felicito- y vuelvo a abrir la puerta para irme.
-No, pará- y me agarra del brazo- me dijeron que iban a llamarte, porque lo que les gustó fue la pareja, parece que tenemos onda- y me guiña un ojo.
El alma se me va a los pies y el odio se me transforma en una sonrisa de oreja a oreja.
Sí, ya sé, soy una persona horrible.
-Me estás jodiendo.
-¡No! Te juro.
Pero entonces la vida me golpea en la cara otra vez.
-Pero a mí no me llamó nadie, ¿cuándo hablaste?
-Me dijeron hace unos días. Seguro te llaman esta semana.
Seguro…
Mi celular vibra. Diego.
Le hago una seña a Mariano para que me espere mientras atiendo el llamado.
-Hola, Diego, ¿cómo estás?
-Hola, Luz- tiene voz de funeral- Quería saber si pudiste cancelar mi agenda.
-Sí, sí, la cancelé anoche.
-Ah… ok…
No me llamaste para esto. Es obvio.
-¿Cómo está tu hija?
-Bien, bien, estoy esperando al médico a ver si nos dan el alta.
-¿Pero qué le pasó?
Soy bruta cuando quiero.
-Levantó fiebre anoche y mucha toz, pero como es asmática salí corriendo.
-Me imagino, un susto bárbaro.
No me imagino nada de nada porque no tengo hijos.
-Sí…
Silencio. Y entonces me tiro a la pileta.
-¿Querés que pase por allá? Te ayudo con lo que necesites antes de ir al consultorio.
Dios, soy peor que una viuda negra.
-Si podés me vendría bien, podemos tomar un café en la cafetería de acá.
Asco, café de hospital.
-Dale, salgo para allá, llego en veinte.
Corto el teléfono y Mariano me mira curioso.
-¿Todo bien?
-Me tengo que ir, pero si tenés alguna noticia de esa obra avísame, porfa- y salgo corriendo.
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Llego a la puerta del hospital con la lengua afuera después de haber corrido para tomar un taxi y llegar a tiempo. Tengo una hora antes de irme a trabajar. Busco el ascensor a toda velocidad y cuando estoy adentro me pongo pálida: la puta madre, estoy en pijama.



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