Espera
- 27 oct 2020
- 2 Min. de lectura
Tengo la sensación de que no quiero estar en mi cuerpo. Es uno de esos días en los que las sábanas te aprisionan el cuerpo y te atan a la cama. Un millón de sensaciones conviven adentro de mí pero no soy capaz de expresar ninguna. Me veo como fuera de foco, arañando, gritando, pidiendo por favor algo que no sé qué es.
Y lloro de vez en cuando y sin razón aparente pero no lo quiero reprimir, consciente de que en cuanto lo acepte y lo transite todo va a pasar más rápido, pero acá estoy, llorando, transitando, esperando.
Algunas noches, mientras camino y miro las copas de los árboles peladas por el invierno que dibujan sombras por las luces de la calle, logro tener un atisbo de esa felicidad.
Y escucho tu vos del otro lado y te odio…
No sé cuánto tiempo pueda soportar esto, no puedo evitarte porque siempre me estoy preguntando qué estarás haciendo, y vos decís que te trato mal, pero yo no te trato, esa es la cuestión. Y aunque no lo creas, no está en mí la necesidad de lastimarte, para nada.
La verdad es que solo estoy esperando que reacciones y pronuncies una sola palabra: “Perdón”. Aunque necesito mucho menos que eso para perdonarte. Porque en realidad no tengo nada que perdonar, y si lo tuviera tiene que ver con que te fuiste y punto. Tiene que ver con tu elección.
Y me quedo sentada, disimulando mi espera con miradas esquivas.
Es que no sé cómo lidiar con el dolor. Siempre fue algo que elegí dejar de lado. Correr.
Revivo una y otra vez esa conversación, todas nuestras conversaciones, como si quisiera encontrar una razón para seguir esperando. Nada. La distancia me hizo creer que entre vos y yo ya no había nada, pero la grandeza de ese espacio me grita que hay tanto que ya no nos entra y entonces me pregunto quién es el que no quiere soltarlo ¿Vos? ¿Yo?
Todavía espero demasiado del amor. Que no lo encuentro en mí, mucho menos en vos. Y sé que estás acá solo por eso, para hacerme revivir mis inseguridades y mi posición necesitada. Pero aún así espero.
Y me escondo.
Y simulo odiarte.
No me expliques nada, ya no hace falta. Vos te fuiste por allá y yo seguí por acá. Y en algún momento nos va a tocar aceptar. No me expliques nada, porque la razón de tus decisiones no son algo que me hagan sentir mejor.
Ayer leí: “Me dejaste demasiadas veces”. Algo en mí se dobló, como los juncos del río cuando sopla el viento. No pensé en vos, pensé en el amor.



Comentarios